TODOS TENEMOS RELOJ PERO NO TENEMOS TIEMPO

Autor Dr. Horacio Krell fundador de ILVEM

La energía es una fuerza poderosa y activa sin la cual sería imposible sobrevivir. Por eso se precisa conservarla y para eso es necesario descansar, caminar, distraerse, ver una película.
Hay dos instrucciones biológicas opuestas: la ley del menor esfuerzo y buscar lo nuevo.
El placer por descubrir conlleva un esfuerzo, va contra la corriente y necesita aprendizaje.
La vida moderna induce a una mentalidad de bombero que corre todo el tiempo apagando incendios, consumiendo energía y dejando con poco espacio para pensar. El tener que trabajar para vivir y la falta de tiempo crean rutinas facilitadoras que traban la creatividad.
Es más sencillo basarse en lo viejo conocido que en lo nuevo por conocer. La ley del menor esfuerzo dirige a hacer lo que está guardado en la memoria. Un problema es algo nuevo y requiere conexión con otras neuronas, pero para conservar la energía el cerebro recurre a las redes neuronales existentes aplicando saberes viejos a situaciones nuevas.


La escuela termina con el juego creativo.
La educación enseña respuestas que se automatizan. Hay algo muerto en las respuestas pero se enseña a no pensar o que pensar es responder. Lo creativo es generar asociaciones nuevas. El pensamiento reproductivo, repite soluciones del pasado, selecciona la más prometedora y excluye a las demás.
Pensando como siempre se pensó se arriba a las mismas conclusiones. Lo creativo es enfrentar al dilema sin buscar la solución en la memoria. Sólo se usa para ampliar el repertorio. La trampa de tener todas las respuestas es que no caen del cerebro nuevas ideas.

Los métodos son la mayor riqueza del hombre. Sin ellos se tiende a usar la fuerza bruta que conduce al burn out o cerebro quemado. Somos lo que somos por lo que leemos, decía Borges. Pero el hombre es un analfabeto funcional porque no lee por falta de tiempo y de ganas. Entonces vive desactualizado, la tecnología sube por el ascensor y el hombre por la escalera. Hace un culto a la experiencia pero es muy lento y duro avanzar a los golpes. Es una pena porque existe el método de lectura veloz que triplica la capacidad de lectura.
La mezcla de conceptos es un método para desinhibir y crear ideas. Todo se mezcla y todo se combina. Lo habitual es definir, segmentar, segregar y etiquetar en categorías que no se tocan. Es como si el pensamiento se congelara en una cubetera. Cuando más se trabaja mayor es el cansancio, disminuye la productividad y se llega al rendimiento decreciente.
A mayor esfuerzo menores resultados. Resulta difícil asociar cosas no conectadas previamente, y los cubitos de hielo permanecen en cubeteras separadas.
Cuando a una gota de agua se le agrega otra, forman una sola gota, sólo que más grande. Si a un concepto se agrega otro, puede surgir uno nuevo y no dos conceptos separados.

El hombre choca dos veces con la misma piedra. Generaliza desde un hecho particular. Ve todo como bueno o malo, sin matices intermedios. Cree que puede leer la mente, que con la primera impresión conocen al interlocutor, que sabe lo que él está pensando. Supone conocer el futuro y usa sus emociones como razones para actuar. Ante lo que sale de su control, imagina desgracias o consecuencias negativas con nefastas consecuencias para su salud. La solución es advertir los pensamientos automáticos y observarlos sin que permanezcan ocultos a la percepción, pues operan mecánicamente y en piloto automático.

Perder el tiempo. El error es hacer varias cosas a la vez. Mientras lee, habla por teléfono, responde un mail y chequea Facebook. Haciendo cinco cosas a la vez cada tarea recibe el 20% de su energía; diluye su potencia y su concentración. Lo que hace es cambiar velozmente de una tarea a la otra. Eso produce la liberación de hormonas asociadas al estrés lo que le provoca enfermedades. No estamos hechos para trabajar de ese modo.

Fuimos hechos para enfocarnos. La facultad de domar la atención vagabunda, es la raíz del juicio, del carácter y de la voluntad. Pero las decisiones dependen de creencias que llevan a pensar que algo es cierto o  mejor, cuando no lo es. Usa la información que concuerde con ellas, aunque exista evidencia en contrario, y ante los fracasos, se aferra a esa estrategia e incluso invierte más recursos y sigue fracasando con gran entusiasmo.
Usa analogías sencillas para tratar problemas complejos. Viola las leyes estadísticas al decidir en base a muestras pequeñas. La ilusión del control se da por un exceso de confianza y arrogancia o por confiar demasiado en su capacidad. Al argumentar sin pruebas no investiga y calcula resultados sin buscar la causa real. Cuando hay muchos decidiendo cree que si son más, mejor será la decisión. Por las presiones sociales y para evitar confrontaciones, se toman decisiones por mayoría muy alejadas de la verdad.

El entrenamiento mental. Oxigena las redes neuronales que reciben un flujo sanguíneo mayor, más glucosa y más oxígeno; y cuando las neuronas se disparan juntas, se refuerzan las sinapsis y se forman otras nuevas. Las que permanecen inactivas se marchitan con una especie de poda, y lo que no se usa se pierde. Las emociones positivas facilitan la conexión neuronal y consolidan el cambio. El cerebro modifica su estructura y la experiencia suma. El cambio mejora el bienestar ya que impacta en él, cambiando su presente y su futuro.

Son dos sistemas. Uno es rápido y automático, con poco esfuerzo y da respuestas de memoria, otro es racional y se ocupa de lo complejo. El sistema 1 se activa solo y rastrea la información almacenada, sigue la ley del menor esfuerzo. El Sistema 2, es más lento, racional y prudente. Observa los pensamientos y las acciones sugeridas, permite que se expresen y reprime o modifica. Controla situaciones donde no funciona el Sistema 1.
Muchas decisiones no resultan del análisis.  Las consecuencias son: errores, juicios subjetivos y respuestas intuitivas. El Sistema 1 está preparado para creer, no para dudar y tiene tanto miedo que salta a conclusiones precipitadas. Así se entiende el fanatismo y la seguridad dogmática con que se sustentan en la ignorancia, o en evidencia insuficiente, y por qué el escepticismo (una ardua operación del Sistema 2) sigue siendo tan impopular.

La racionalidad. Es capaz de amonestar a la parte vaga del pensamiento y de domar los sesgos cognitivos naturales. No es más racional quien rechaza las emociones en nombre de una razón desencarnada, sino quien examina sus prejuicios y asume que errar es natural.
Como dijo Sócrates: “Una vida sin examinar no merece ser vivida”. La virtud al decidir evita la parálisis por exceso de análisis y las consecuencias de las malas decisiones.
Esta virtud  se debilita por la arrogancia, el desconocimiento y por la falta de incentivos. La percepción hace creer que es el sol el que se mueve y no la tierra. El pensamiento natural salta a la acción, puede estar bien al elegir la corbata para el traje, pero en asuntos serios o plantearnos el problema o resolvemos el problema equivocado. Se aprecia más al intuitivo que al analítico. El intuitivo no debe justificarse, juzga por la cara. El mundo es resultadista pero se puede perder jugando bien. Hay que conectar decisiones y  resultados.

Se castiga el error. Se premia poco al que acierta y no se castiga al que provoca daños por no decidir. Eso incentiva a no hacer nada. El miedo a fracasar inhibe las decisiones. El que no hace no se equivoca pero tampoco aprende. El deseo nubla la razón.
La sociedad de consumo ofrece un radar para imitar a ricos y famosos. Para decidir hay que contar con la brújula interior que permite conocerse, sin eso no se puede decidir bien. Para Séneca no existen los vientos favorables para el que no sabe a dónde quiere llegar.

La preocupación por el tiempo. La vida es muy corta pero sería mejor ir más lento, para sacarle el máximo de provecho a nuestra corta esperanza de vida. La preocupación por el tiempo y cómo invertirlo aumentó con la invención del reloj y  la Revolución industrial. Antes los ritmos naturales guiaban a la gente: “Se ordeñaban la vacas cuando lo necesitaban, sin hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”.
Fabricar requirió más precisión, para optimizar el uso de las máquinas, se prestó más atención a la planificación de horarios y se monitoreó la productividad. La presión por hacer más en menos tiempo creció exponencialmente. Hoy se cree que, con la técnica correcta, se pueden lograr todo lo que se desee, con una rutina diaria optimizada.
Pero la obsesión por la eficiencia y la productividad tienen una trampa. Nunca se puede escapar de la sensación de que se puede hacer más.
Deseas no tener nada en tu buzón y contestas cada correo a medida que llega, cada correo genera más respuestas y tareas a completar, lo que lleva a que los mensajes se acumulen.
El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos se extralimitan más allá de sus capacidades, añadiendo además mayores responsabilidades.

La rutina hedonista. Uno se acostumbra a los cambios positivos, eso lleva a pensar que una promoción en el trabajo es una recompensa adecuada por el esfuerzo, pero muchas veces no da más felicidad que el cargo actual. Se le dará más trabajo que a otra persona más lenta. No importa cuán productivo sea, ni cuánto logre, siempre querrán más.
La reducción de la felicidad se da porque  se siente que tiempo se esfuma. Tanta actividad hace tomar conciencia del poco tiempo que se tiene para hacer todo. Evitar enfrentar la verdad de la finitud de la vida es una receta segura para el estrés.
Según el principio de Peter toda persona es ascendida a su nivel de incompetencia. Así un excelente vendedor se transforma en un pésimo jefe de ventas.

No se debe hacer algo sobrehumano. Hay que empezar por limitar los objetivos, aunque suponga abandonar algo importante. Así se darán pasos más seguros hacia las metas y se será más feliz dejando en espera algún proyecto, en lugar de sostener falsas expectativas.
Hay que reconciliarse con la idea de ser una persona finita. Es conveniente contar con una “lista de tareas cumplidas” junto con otra “lista de tareas por hacer”, la que comienza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea realizada y con los imprevistos.
La práctica ayuda a reformular el plan para que tenga un sentido de logro, sin estrés por lo que no se pudo hacer. Al enfrentar la realidad uno se siente liberado de una batalla inútil. Eficiencia es hacer las cosas bien, eficacia es elegir bien lo que se debe hacer.

Slow down. Es un movimiento que enfatiza lo cualitativo en la experiencia humana,  la calidad de vida y la valoración del lazo social en las relaciones. Se opone al estilo Fast life que acentúa lo cuantitativo, la tendencia a la uniformidad, al pensamiento único y al individualismo extremo. Slow down cambia paradigmas como  “Time is money”, “Más es mejor” y “ Primero yo”,  por  el de que las cosas se deben  hacer despacio y bien. Estrés, cerebro quemado, fatiga crónica, depresión  y  un mundo hecho a la medida de  los ricos resultó de la sobre estimulación, la sobreagenda y del pensamiento centrado en + dinero.
Slow down privilegia la conveniencia social y Fast life la individual Esto dijo un argentino que trabaja en Suecia. Un proyecto aquí demora 2 años, sin urgencias aunque sea brillante. Debaten y trabajan, con un esquema Slow Down, conjugan la madurez con la tecnología. El pueblo tiene gran cultura colectiva.  Un colega que me lleva a Volvo, la empresa en que trabajo estaciona el auto lejos de la entrada. Le pregunté por qué: -Así tenemos tiempo para caminar-.  Fue suficiente para que yo revisara mis conceptos.
En el film “Perfume de Mujer” el ciego invita a la chica a bailar y ella le responde: “No puedo, pues mi novio va a llegar pronto”. Él  le dice: Pero es que en un momento, se vive una vida, y la saca a bailar un tango. Es el momento esencial del film. John Lennon decía: La vida es lo que nos pasa de largo mientras nosotros seguimos haciendo planes. Slow down es una propuesta para que la podamos disfrutar y dejar en ella nuestra semilla.