PENSAR FUERA DE LA CAJA

Autor Dr. Horacio Krell fundador de ILVEM

Para mejorar el rendimiento e introducir las novedades hay que aprender a innovar. Se puede ser creativo sin ser innovador, un creativo puede generar muchas ideas sin saber cómo llevarlas a la práctica y ser como un bohemio que calienta la pava pero que no puede tomarse el mate.

Dicen que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza y que le transfirió su poder creador. Al animal lo hizo completo pero al hombre lo trajo al mundo a medio hacer, para que el mismo sea el encargado de construir su propio destino. La educación es la que debe ocuparse de sacar de adentro el potencial que traemos al nacer.  Así como a un soldado se le enseña a usar el arma, los niños deben saber usar su herramienta que es su cerebro.
Es una máquina. Cuando vemos en alguien un rendimiento excepcional, no es una máquina, como se suele decir, sino que ha descubierto su genio interior, que es su esencia divina, lo que a su vez genera su empowerment o poder interior.
Según la teoría de las inteligencias múltiples todos lo traemos de fábrica. Educar proviene de educare, que significa sacar de adentro el potencial. El primer descubrimiento es hallar al genio, la inteligencia que orienta a las demás, es la inteligencia espiritual o vocacional.

El ser creativo cuando es innovador es el mejor imitador  que tiene Dios en la tierra.
Dios no creo el mundo de repente, lo hizo en 7 días lo cual revela la importancia de un buen plan de acción, pues si se falla al planear se planea fracasar.

La educación atrasa. El problema radica en que la educación no enseña al ciudadano medio a realizar sus ideas, ni a dominar las nuevas tecnologías que abren un sinfín de oportunidades.
La pandemia catalizó esta capacidad de generar cosas nuevas  poniendo el foco es generar ideas. El factor común es aprender a ver lo que otros no ven. Desarrollar soluciones es comprometerse con el cambio e incluye habilidades blandas como la escucha activa, entender lo que pasa, relacionarse con pares y realizar estudios para llegar a mejores propuestas en base a la colaboración y prestando atención a las fuentes externas que permiten pensar de otra manera. Deben ser curiosos, capacitarse de forma constante y hacer hincapié en el aprendizaje continuo. Hay que acentuar lo general sobre lo particular  y dar un rol más destacado a las personas que a las tecnologías, porque, más allá del potencial del software y del hardware, las ideas siempre surgen de los equipos. Pensar fuera de lo normal, ​ o pensar fuera de la caja como traducción literal del inglés thinking out of the box, ​​es una metáfora que significa pensar de modo no convencional, desde una nueva perspectiva. Esta expresión se refiere al pensamiento  creativo.

¿Qué es pensar fuera de la caja?  Se parte de una metáfora, que todo lo que se sabe, se cree o se ha vivido  está dentro de una caja. El hombre está en el centro, rodeado por todo eso que le han enseñado o que ha aprendido a través del ejemplo, la experiencia, la educación, etc.
Pensar fuera de la caja implica dejar de lado todo eso y buscar soluciones extraordinarias a problemas ordinarios. Es ir más allá de lo obvio, de lo rutinario o de lo que todo el mundo ve.
Pensar fuera de la caja permite cambiar lo que tenemos tan interiorizado que no permite ver claramente la realidad. Einstein dijo que para lograr resultados distintos no se debe hacer siempre lo mismo. La lógica nos lleva de A hasta B y la imaginación a cualquier parte.

Cómo salir de la caja. Se puede cambiar la forma de pensar poniéndose en el lugar del otro.

Cuando alguien dice estoy pensando … ¿está pensando realmente o está repitiendo un cassette?

Cuando se dice: estuve pensando en vos, en realidad no se estuvo pensando sino recordando. Para romper con la rutina, se usa el role playing con los  6 sombreros de Edward de Bono.

Así se podrá abordar cualquier tema sin temor: el yo queda protegido porque el rol playing es impersonal y se deriva del papel interpretado. El ego saldrá de vacaciones y no reprimirá al pensador. Es una técnica sencilla que dirige la atención hacia  áreas  que habitualmente no se visitan,  propone puntos de vista que modifican la dinámica habitual del cerebro al aceptar  el desafío de recorrerlas, en el pasaje de la intención a la acción.

El sombrero blanco. El actor  busca los hechos separados de sus  creencias sobre los mismos y se pregunta: ¿qué elementos tengo?, ¿son reales o probables?, ¿los puedo verificar ? En este rol no se busca encajar los datos  para ganar una discusión, sino ser objetivo y neutral.

El sombrero rojo. Actúa desde la emoción, la intuición o la preferencia sin necesidad de justificarla. El intérprete se pregunta: me huele mal ¿no sé por qué? El sombrero rojo  libera  la percepción y deja aflorar a la intuición sin ocultar el sentimiento, legitima la expresión.

El  sombrero negro. Usa la lógica para decir que no, asume el lado negativo de la situación.  Critica sin temor a destruir, porque esa es su función. Otros sombreros pueden enfrentarlo.

El sombrero amarillo. Es optimista y alegre. Busca el lado positivo para lograr que  las cosas ocurran. Recuerda y aplica mejor las viejas ideas, es constructivo, ve la parte  llena de la botella.

El sombrero verde.  Es el de la esperanza que busca provocar la novedad. Pasa del juicio  al movimiento. Se pregunta: ¿qué idea nueva u observación creativa  generaré hoy?

El sombrero azul.  Coordina y dirige la orquesta de los sombreros afinando los instrumentos. Valora su aporte melódico y los sintetiza en función de la  prioridad. Define la agenda.

Cambiar el punto de vista evita caer en el automatismo perceptivo provocando el caos creativo. Y para pasar a la acción: se saca los sombreros, porque el exceso de análisis provoca  parálisis.

Entrenamiento cognitivo. Un acertijo es la ingeniosa descripción, en prosa, de un mensaje que el receptor debe descubrir. Es fascinante enfrentar un misterio y no se es enteramente feliz  hasta que no se lo desentraña. Es por eso que los acertijos resultan tan atractivos.
La estrategia del entrenamiento es aprender a generar una fábrica de ideas y relaciones productivas, siendo el cerebro su principal protagonista. La principal ventaja del entrenamiento cognitivo basado en la solución de problemas originales es que se trata de una gimnasia que  no es fácil practicar en la vida cotidiana, basada más bien en la repetición de rutinas.
Ante un acertijo hay que ponerse a observar, a generar hipótesis interesantes y creativas, a relacionar lógicamente las premisas.  Los ejercicios son siempre distintos y amplifican el repertorio de respuestas.  Veamos un acertijo de observación.

La mayoría de las personas no la pueden ver.

Soñar despierto. Las mejores ideas parecen salir de la nada, cuando uno está en este estado. Pueden surgir en el sueño o en estado consciente. Para aprender a soñar hay que registrar los sueños e identificar sus patrones. También se pueden programar en la vigilia para que el cerebro, que es la mejor computadora del mundo, ayude a solucionar problemas creativamente, activando al gigante dormido (el hemisferio derecho). El potencial de la mezcla entre sueño y vigilia es enorme y depende de la imaginación y de la motivación.
Se basa en intenciones claras y deseos fuertes, buscando que los programas se activen al dormir, para modificar el mundo real en el mundo onírico. Las mejores ideas nacen en la cama, en el baño y en el colectivo, cuando el hemisferio izquierdo dominante se duerme. Un genio de los sueños convertidos en realidad, Walt Disney, lo dijo: “Si lo puedes soñar lo puedes hacer”.

Pase libre al azar. Hay que salir de los patrones e incorporar novedades y darles la bienvenida. Sin embargo como dijo Pasteur el azar sólo favorece a las mentes preparadas. El rey Serendipo educaba a sus tres hijos, los príncipes debían viajar y solucionar problemas para aprender a gobernar. Así encontraban respuestas a problemas nuevos y descubrían cosas sin querer. Navegaban dejando que el azar ordenara sus vidas. Serendipidad  o buena fortuna alude a los hallazgos por azar. El éxito no es casual. La buena suerte precisa aprender un método para viajar por la vida, provocar el azar y atraer la buena suerte.

La filosofía es disfrutar del viaje, se puede circular sin descubrir nada o haciendo de cada instante una oportunidad. Para lograrlo se precisa tener la mentalidad de un niño. Los creadores de buena suerte sienten curiosidad, apertura y una perseverancia obsesiva. Si el espíritu se hace idea, la idea proyecto y el proyecto logro, quiere decir que la buena suerte los habita.

Cuando el enemigo es uno mismo. Las 4 A de la educación son Aprender a ser, aprender a aprender, aprender a hacer y aprender a convivir. Hoy se agregó una nueva que es la A de aprender a desaprender. Es que las creencias y las herramientas se vuelven obsoletas ante el cambio vertiginoso provocado por las nuevas tecnologías.  Esta situación implica cambiar la actitud con la que se enfrentan los problemas incluso las creencias que uno mismo tiene.

Repensar las cosas.  Esto implica elegir lo que significan para uno y lograr  la libertad de elegir considerando el punto de vista personal como uno más. A diferencia de pensar que esto es un límite se pueden elaborar parámetros y metas para abrir el panorama.
Se trata de incorporar el hábito de preguntarse y cuestionar el porqué de las cosas, sin quedarse con la respuesta fácil. Hay que darle cabida al absurdo y trabajar por ensayo y error.

Cuando un problema parece insoluble, pensar fuera de la caja es intentar lograr un enfoque totalmente distinto que nadie más pudo ver. Si alguien se queda en su zona de confort: se siente cómodo, pero nada asombroso podrá pasar. En cambio al trabajar por resultados cada vez que se lleva a cabo una acción genera éxitos o fracasos y se pueden medir.
Aunque las cosas parezcan estar bien es conveniente desafiar el status quo regularmente y  buscar puntos de vista opuestos o contradictorios para considerar todas las alternativas posibles.
Cambiar la rutina diaria. La creatividad aflora saliendo de la rutina. Incluso, hasta los más pequeños cambios pueden hacer salir de lo ordinario. Cambiando el orden de las actividades o incluso la manera de realizar las, o simplemente, haciendo algo espontáneo y diferente.

No hay ideas tontas o absurdas. Hay que permitirse traer a flote hasta las ideas o conceptos más raros y hasta pedirle consejos a los niños porque ellos todavía no tienen prejuicios.

Corregir las creencias limitantes. Hay que escuchar la voz anterior cuando aparece: “Esta es la forma en que a mí me enseñaron”, “Esta es la forma en que siempre lo he hecho”, o “Así es como lo hace todo el mundo”.  Estas frases son el peor enemigo de esta modalidad de pensamiento porque limitan mentalmente la exploración de nuevos horizontes. Ante esas ideas preconcebidas, es mejor preguntarse: ¿por qué siempre he pensado o actuado de esta forma?

Aprender a observar. Se trata de cultivar una actitud de asombro frente al milagro de la naturaleza. Las fuentes para observar son infinitas, es todo lo que se nos presenta a lo largo de la jornada: una cita, un objeto, una carta, una idea. Flaubert decía que cualquier cosa observada detenidamente se vuelve maravillosa. Una vez enfrentados al objeto, lo importante es aprender a preguntar: su historia, su proceso de fabricación, la materia prima que lo constituye, etc.
El estado mental óptimo para observar se logra mediante técnicas de relajación y concentración. Dicho estado, que denominaremos “receptivo”, debe combinar: una atención flotante (estar preparados para sacar provecho del azar) con una acción específica en el acto de la percepción (tener la intención de observar). La observación puede ser dos tipos. La reproductiva  representa el objeto, a la persona o el hecho: tal como es y no como una abstracción conceptual. Observar creativamente es considerar la misma realidad, pero lo que cambia es la visión. La mirada creativa captura algo más, lo que el común de la gente no puede ver.
Saber observar, produce resultados inmediatos. Y: a buen observador pocas palabras.