EL DESASTRE EDUCATIVO

Autor Dr. Horacio Krell fundador de ILVEM

El 63% de los estudiantes en América latina carece de habilidades básicas lo que  es un freno para el progreso económico. La prueba PISA, es el medidor internacional de la educación en ciencia, matemáticas y lectura. En Matemáticas, Singapur fue primero, seguido por Hong Kong, Macao, Taiwán y Japón. En los países asiáticos hay una obsesión por la educación en la una cultura familiar: los padres invierten  en la educación de sus hijos. La principal ambición es que logren entrar en una buena universidad extranjera.
No es sorprendente que más del 31% de los estudiantes extranjeros en las universidades de EEUU sean de China. Es hora de que América latina ponga la educación de calidad en el centro de su agenda. Si no la mejoran se van quedar atrás. La tragedia educativa es que en los hogares no se valora el conocimiento. Hay una crisis de valores.

Se publicaron los nuevos y desastrosos resultados de la evaluación educativa de los alumnos argentinos. Los resultados surgen de las Pruebas CERCE 2019 –un estudio de 2019 del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE), realizado por UNESCO-. La prueba para Latinoamérica fue diseñada para escuelas  primarias. Argentina mostró un retroceso preocupante desde 1996 ante el progreso de sus países vecinos.

El Salvador, un país que atravesó una guerra y que tuvo que crear escuelas comunitarias de manera autónoma, organizadas por las familias ante la ausencia del Estado, para poder así alfabetizar a sus hijos. El país mejoró notoriamente con una de las mayores inversiones estatales en educación -el 6% del PBI- desmejora. La conflictividad gremial impide garantizar el ciclo lectivo y muchas familias abandonan la escuela pública.
En Santa Cruz terminan la escuela media alumnos que asistieron a clase la mitad de los días. Los alumnos que terminan la escuela media carecen de comprensión lectora. El Ciclo Básico de la UBA dictó cursos de lectoescritura porque los postulantes no entienden los textos.

Ley de Financiamiento Educativo y la de 180 días de clase. Sancionadas hace 20 años tuvieron un fracaso estrepitoso. Deberían ser de jornada completa, y hoy no llegan a la mitad.
Los problemas graves van desde la infraestructura y mantenimiento hasta la formación docente. La tragedia educativa suma el proceso de escuelas cerradas durante la pandemia, que desvinculó a un millón de alumnos y rebajó el aprendizaje por educar a distancia, sin estar preparados.
En la campaña electoral de este año se habló muy  poco de educación, lo que supone que la educación interesa poco a la dirigencia y por ende a quienes los votan.

Los resultados de las pruebas internacionales. Son evaluaciones educativas de las que participa Argentina, como las de PISA UNESCO. Las pruebas PISA son diseñadas por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y participan 80 países de todos los continentes, incluso de Latinoamérica. Argentina pasó de liderar la región en el año 2000 a quedar detrás de Chile,  Uruguay, Brasil, México, Costa Rica y Colombia, cuando Argentina hace 21 años estaba por encima de todos. Las pruebas internacionales comprueban que los países que están mejor en educación son los que están también mejor en economía.

Sacar el problema de la grieta. Al meter el problema educativo adentro de la grieta, se buscan culpables, para no hacerse cargo del presente y de la historia reciente. En los 21 años de este siglo la Argentina tuvo, y tiene, gobiernos peronistas durante 15 años. Porque si la solución es una búsqueda egoísta de un rédito político, es posible que en esa acción solo se encuentren frente a un espejo que les devuelva con creces la responsabilidad del fracaso.
La educación es la industria pesada de una Nación ya que fabrica ciudadanos y es un problema demasiado grande y  complejo como para dejarlo sólo en manos de los políticos.

El desafío de la transformación. Existe consenso acerca de que el modelo educativo tradicional necesita adaptarse a las nuevas realidades. El desarrollo de las habilidades del siglo XXI pasan por las habilidades blandas, aquellas que no se enseñan en la escuela como el pensamiento crítico, el trabajo en equipo, la comunicación, la creatividad y la capacidad de adaptarse a los cambios. Este desafío debe abordarse de manera articulada con otras deudas del sistema educativo vinculadas con el aprendizaje, como el abandono y la repitencia escolar, generadas por la desigualdad social y la brecha digital. No se reduce a factores de acceso y permanencia, la brecha existente es cultural. Si observamos los indicadores de abandono, trayectorias educativas y aprendizajes, es evidente que  están alertando sobre la necesidad de un cambio estructural.

Efecto pandemia. A esta realidad se suma el impacto de la pandemia. De acuerdo con el informe “Educar en pandemia”: al 15 de marzo de 2020 –fecha de suspensión de las clases-, habían 10.381.433 estudiantes en el sistema educativo, de los cuales 16,6% en el nivel inicial, 43,9% en la primaria y 39,5% en la secundaria. El 53% de los alumnos era pobre, y sólo el 56,1% de los hogares tenía acceso a internet. En la actualidad, el número ascendió al 56%.
En materia de calidad educativa, antes de la pandemia, 7 de cada 10 estudiantes del último año del secundario no alcanzaba aprendizajes mínimos en matemáticas; 1 de cada 2 no los alcanzaba en lectura y ciencias y sólo el 27% de los estudiantes que iniciaban el secundario egresaban en tiempo y forma. Estos datos dan cuentan que el sistema educativo, como modelo cultural, abandonó a los alumnos mucho antes de la pandemia. Ya antes tenía deficiencias severas, los alumnos de tercer y sexto grado rindieron por debajo del promedio de América Latina en cuatro de las cinco materias evaluadas, lo que refleja la mayor caída registrada en los resultados. La pandemia visibilizó y profundizó los problemas ya existentes, reflejados en una brecha cultural.

La brecha cultural. La propuesta educativa se aleja de los intereses, búsquedas, formas de comunicarse y construir conocimiento de los jóvenes. Esta experiencia de desencuentro dificulta que descubran el profundo sentido de aprender. Necesitan ideas que les otorguen protagonismo, autonomía y oportunidades de desarrollar las habilidades para la vida, en el marco de una cultura colaborativa, abierta y digital. Uno de los principales desafíos del sistema educativo es reconocer los marcos desde los cuales pensamos la escuela y asumir el reto de transformarlos. Pensar un nuevo modelo exige reconfigurar su organización, sus prácticas de enseñanza y evaluación, sus vínculos, la relación con el tiempo y los entornos de aprendizaje, para dar lugar a nuevas experiencias escolares. Este cambio  necesita del trabajo coordinado de una estructura multisectorial. Es preciso cambiar el modo en que concebimos la relación entre Estado, empresas, organizaciones de la sociedad civil , escuela y familias, y proponer un modo de participación social en el que todos contribuyan de manera positiva al bien común,
El potencial de las alianzas estratégicas múltiples reside en su reconocimiento como laboratorios de innovación para el despliegue y experimentación de nuevos enfoques en los que se mezcla iniciativa y creatividad, a la hora de aportar valor y contribución, en la búsqueda de respuestas y soluciones a problemáticas sociales compartidas, cuyo objetivo es transformar la educación.
Se trata de un proceso participativo que emerge desde la escuela e implica a los distintos actores de la comunidad educativa. Su propuesta parte de las realidades de un universo heterogéneo de instituciones y ofrece un marco común para que piensen, diseñen e implementen propuestas de cambio, mediante el trabajo colaborativo y en red entre distintos actores del sistema educativo.

El desafío es tejer nuevas alianzas multisectoriales. Diseñar, implementar y continuar políticas educativas a largo plazo, que tengan en cuenta las nuevas demandas e intereses de los estudiantes, es el gran desafío que tenemos por delante. Este desafío es doble ante contextos atravesados por altos niveles de fragmentación política, desigualdades y crisis cultural.
Las alianzas sirven de puente a las políticas a partir de la colaboración. Aportan legitimidad a la agenda pública basándose en la construcción de consensos, coordinación de acciones y potenciar recursos, buscando respuesta a la compleja problemática educativa.
No obstante, el desafío que enfrentan es el de una continuidad  que trascienda a los cambios de gobierno. El desafío es el cambio cultural y sistémico, que provenga desde las escuelas, una visión distinta sobre cómo impulsar transformaciones. Trabajando en alianzas podemos articular, potenciar y sostener cambios para revisar las políticas, para que respondan a los desafíos. Cada sector debe aportar su compromiso para que la transformación sea posible.

La educación que perdimos. El problema no es la grieta ni las sucesivas crisis, con su secuela de nuevos pobres y marginados. Oficialistas y opositores tuvieron un desinterés permanente y sorpresa fingida ante las malas noticias.

El naufragio no se explica sino por el tácito acuerdo de no prestarle atención. Son décadas de caída libre. La preocupación por la instrucción pública es un espacio de discursos sin correlato en los hechos.  La movilidad social ascendente murió como la calidad de la enseñanza y el valor del mérito. La Generación del 80 del siglo XlX edificó la Argentina en medio de disputas sangrientas  y discusiones furiosas.
Junto a la organización del Estado y un consenso básico sobre el rumbo económico enfocado en las exportaciones agropecuarias, entre Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca y otros, hubo un acuerdo de que el desarrollo necesitaba inmigrantes como mano de obra y educación que anclara a los hijos de los nuevos argentinos a un futuro de progreso.

En 1884 se aprobó la ley 1420 de educación primaria obligatoria, la alfabetización masiva empezó. Sobre esos cimientos se construyó un ejemplo que perduró seis décadas. Queda apenas una memoria histórica en un país al que se le van muriendo los alumnos de aquella educación.
Se van los testigos de que educación más esfuerzo posibilitan el progreso personal y colectivo. Casi 150 años después de la ley 1420, la escuela argentina dejó de ser el igualador de oportunidades. A mayor pobreza, peores resultados. Ir a la escuela dejó de ser una chance de mejora sino un refugio para comer.  En 1997, cuando se hizo la primera medición de la UNESCO, el país fue segundo entre ocho naciones. En las últimas pruebas PISA realizadas en 2018 el desastre fue todavía más rotundo: 71 en una tabla de 77 países de todo el mundo.
Ya ni los fracasos expuestos año a año por mediciones internacionales avergüenzan. El proyecto de presupuesto 2022 incluye una fuerte disminución de las partidas para educación.

La indignación por el cierre de las escuelas. Explotó cuando se hizo intolerable que se las clausure durante un año entero. Es difícil que un problema tan grave sea reconocido como tal si es negado o utilizado para poner excusas. El país cerró sus aulas y apenas algunos pudieron ser educados a distancia ante la indolente indiferencia inicial de dirigentes, padres y alumnos. Cuando se encendió la alarma, ya era tarde. Más cerca que lejos, en los años 90, oficialistas y opositores celebraron el fin de la obligación que la Nación tenía sobre la educación básica, que fue transferida a las provincias. Se festejó en nombre del federalismo lo que ahora se puede lamentar por los resultados obtenidos en todo el país. Existe un elemento decisivo que colabora en la decadencia. La sociedad perdió la certeza de que la educación hará mejores ciudadanos.
Al Estado solo le quedó distribuir recursos a las universidades nacionales que se administran por sí mismas. Y, además, repartir partes desiguales de sueldos a docentes provinciales para conformar un piso salarial mínimo. El derrumbe educativo no se explica por el desinterés político en el tema. Se agrava por la anulación de la voluntad y del esfuerzo que los gremios han logrado contagiar a sus afiliados. El ejemplo de grandes maestros que maravillan y emocionan son excepciones donde predomina el achatamiento y el rechazo a los cambios y las exigencias. La verdadera grieta que fulmina el futuro es la desproporción entre los que reciben una educación aceptable y los millones que terminan siendo ignorantes e incapaces para el trabajo. Al fin es menos visible la convicción con la que, como los europeos de entonces, chinos, peruanos, bolivianos o paraguayos ponen empeño en buscar la mejor educación para sus hijos. ¿Encuentran por esa vía la movilidad social que desean? Hoy es más difícil de lo que fue, pero no dejan de intentarlo. Es una catástrofe que la mayoría de los argentinos haya perdido la noción del valor que la educación tuvo en los que vivieron en el país que prometía ser y que nunca fue.

Programar es razonar. Cuando se programa se usa un procesador  artificial y cuando se razona se usa el cerebro, que procesa  información natural. Los lenguajes de programación comparten conceptos y estructuras, que son una abstracción del  pensamiento humano.

Hasta ahora los chicos se la pasan en facebook  sacando fotos para subirlas a internet. Más que “alimentarlos” con hechos, habría que entrenar las habilidades que van a permitirles asimilar cualquier información. El marco metodológico del aprendizaje es dominar su computadora biológica, que es su propio cerebro. Cómo trabaja, cómo se puede optimizar su funcionamiento, como se mejora el pensamiento, creativo, estratégico y científico, cómo administrar los instintos y las emociones, cómo comprender los ciclos de la historia.
Otras habilidades a aprender son trabajo equipo,  autoeducación, investigación, lógica y la autocrítica, cómo desarrollar su autoestima y aprender a aprender.
Las profesiones obligan a programar: la biogenética, las artes gráficas, el mundo empresarial, piden que se incluya como materia. Un niño lo tiene claro: “Necesito aprender programación para hacer nanorrobots y trabajar con células madre”. Ya nadie duda de Confucio : Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí.
Programar es planificar cómo alcanzar lo anhelado. Esto requiere la alianza de los hemisferios cerebrales. Como dijo Einstein la lógica te lleva de A hasta B, pero la imaginación te lleva a cualquier parte. El creador innovador es el mejor imitador de Dios en la tierra. El que falla al programar programa fracasar. Debemos evitar la tragedia educativa. Como dijo Marx la historia se repite como comedia o como tragedia.

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