CÓMO SE CONSTRUYE UN CEREBRO SUSTENTABLE

Autor Dr. Horacio Krell  fundador de ILVEM

Gracias al complejo amigdaloide nuestros ancestros detectaban el peligro y activaban el miedo. Eso los hacía escapar de un agresor, así como el hombre moderno se escapa del virus. El miedo activa el hipotálamo que controla el eje que lleva a la lucha o a la huida. Otra opción es adaptarse, lo que genera el estrés. El confinamiento estresa al cerebro. Contra el Covid 19, el refugio fue el hogar pero la distancia afectiva lo estresó aún más. Las relaciones sociales son una recompensa natural, como lo son el sexo y la comida. La consecuencia es el “Distrés crónico”, la neuroinflamación que daña la regulación emocional y genera depresión y ansiedad.

¿Qué se puede hacer? Es necesario desarrollar la resiliencia, la capacidad humana de superar la adversidad y la inteligencia que es la de adaptarse a situaciones nuevas y resolver problemas.
La vulnerabilidad del cerebro depende de los genes, del desarrollo, de las experiencias de vida y de la educación recibida. Todos impactan en los circuitos neuronales que regulan las respuestas.
En un mismo hogar conviven cerebros susceptibles y resilientes. El comportamiento ante el estrés se contagia entre las personas, como si fuera un virus, mediante la cultura del ejemplo.
El cariño es gratis. La caricia activa la parte social del cerebro, privada por el aislamiento.
Por otro lado el comportamiento social no se reduce a un contacto físico. Es complejo, porque involucra a todos los sentidos. Por ejemplo se pueden transmitir emociones sin necesidad de tener un contacto físico, mediante la imaginación activada por la comunicación por internet.

El estrés negativo (distrés) genera deprivación sensorial que va aislando lentamente al cerebro del mundo. Esto ocurre porque las neuronas de los órganos sensoriales se conectan con el cerebro para añadir un componente emocional. Sin ese contacto el complejo amigdaloide se va hipertrofiando y se deteriora el procesamiento emocional de lo que se percibe.

Los sentidos más vulnerables son el sistema auditivo y el olfativo. El oler se traduce en emociones que después se racionalizan. Durante el distanciamiento social es imprescindible el estímulo sensorial con sonidos u olores que evoquen los recuerdos positivos de la vida.
Recuerdos positivos. Los recuerdos gratificantes son una gran ayuda, porque  el recuerdo activa las huellas autobiográficas que activan las áreas relacionadas con el control de las emociones y del estrés. Es como si el cerebro viviera las mismas interacciones sociales que se evocan. Es bueno repasar fotos antiguas y compartir las vivencias con nuestros familiares.
Controlar la respiración. La respiración es clave para controlar la actividad cerebral, dado que el  miedo incrementa las oscilaciones y lo hace respirar más rápido. Durante este periodo de aislación social conviene sentarse, cerrar los ojos y respirar de un modo más lento y profundo. De este modo se logra que la corteza frontal y el complejo amigdaloide disminuyan la actividad de los circuitos involucrados y que se pueda controlar mejor la respuesta al estrés.
Comida saludable. Cuidar la alimentación es clave ya que la comida chatarra, aumenta la vulnerabilidad del cerebro, porque sus ácidos grasos llamados omega-6, se transforman en lípidos que favorecen la neuroinflamación. Los alimentos saludables son más caros, y, en este periodo de incertidumbre se busca el ahorro. Hay que rastrearlos, como las legumbres de estación que se pueden conseguir a menor precio, y cocinar un plato de lentejas con  zapallo.
Actividad física. Permite que el cerebro se oxigene mejor, lo cual tiene un impacto positivo en su fisiología. Otra actitud positiva es reír, al hacerlo se liberan endorfinas, neurotransmisores que  mejoran la actividad del sistema inmunológico. Contrariamente, el cortisol, conocido como la hormona del estrés, es el principal inmunosupresor endógeno.
Grupos de riesgo. Por su parte, los grupos de riesgos para el COVID-19 son los adultos mayores y los niños. Es muy importante cuidarlos. El cortisol se libera a la sangre desde las glándulas adrenales que están ubicadas sobre nuestros riñones. Cuando envejece, esta glándula comienza a liberar más cortisol. Esto genera que en los adultos mayores la respuesta al estrés sea más exagerada que en los jóvenes. Por otro lado, en los niños la corteza frontal está menos desarrollada. La corteza frontal regula la actividad del complejo amigdaloide durante la respuesta al estrés. En palabras simples, la corteza frontal es como el freno en la respuesta al estrésPor estas razones, los cerebros de los adultos mayores y el de los niños son muy vulnerables a los efectos del estrés que genera el aislamiento social.
Salud mental. El COVID-19 ataca la relación social, que es el corazón del mundo del siglo XXI, en una sociedad hiperconectada en todos los sentidos y por eso puede colapsar el sistema de salud, ese es el punto de inflexión. Cada día que pase, el estrés y la salud mental adquieren un peso mayor, porque la incertidumbre crece, al igual que el miedo y la ansiedad. La solución sigue siendo aprender a adaptarse al nuevo escenario y en hacerse resiliente ante la adversidad.

Economía sustentable. Los países que se adaptaron mejor a la pandemia fueron los que lograron un equilibrio entre la economía, el medio ambiente y el aislamiento social.
El autoritarismo vio en la pandemia su oportunidad para aumentar el poder y descuidó la economía generando mayor mortandad por falta de un plan. Fallar al planear es planear fracasar.

En una economía sustentable se integran y equilibran los elementos psicosociales, ambientales y económicos con el objetivo de no comprometer al medioambiente. Dentro de este modelo, el cuidado del entorno debe crecer junto con las mejoras y el aumento de las riquezas de una sociedad; es decir, se debe mantener un equilibrio entre los ámbitos correspondientes.

La economía sustentable busca hacer un uso inteligente de los recursos para evitar su impacto negativo. Por ejemplo, al promover los empaquetados biodegradables que reemplacen el plástico, como al fomentar el uso de vehículos eléctricos para evitar la emisión de gases tóxicos.

Características de la economía sustentable. Proteger la biodiversidad es uno de sus objetivos, así como utilizar recursos renovables que se puedan restaurar mediante un proceso natural. Por ejemplo los ataúdes ecológicos evitan la tala de árboles que son un pulmón para la naturaleza. La economía sustentable considera que todos los seres deben vivir en el ambiente más sano posible, lo cual potencia la calidad de vida. También anima a las comunidades regionales a participar en el cuidado y protección del medioambiente, desarrolla tecnologías limpias que no contaminan el medioambiente y cuida el agua: implementa diversos modos para tratarla y almacenarla con el fin de conservar su pureza y evitar su desperdicio. La economía sustenbable

promueve el reciclaje: lo incentiva para evitar el daño al medioambiente y preserva los ecosistemas: busca desarrollar las actividades económicas preservando el cuidado de todos los seres vivos, ya que estos juegan un papel importante en el sostenimiento del medioambiente.

Ejemplos de empresas sustentables. Grupo Bimbo: es una planificadora que ha adaptado sus fábricas a la energía eólica y solar. Coca-Cola: ha comenzado a producir sus botellas con plástico reciclado para reducir el impacto en el medio ambiente. Mc Donald’s: comenzó a reciclar el aceite utilizado al freír para emplearlo en la producción de biodiesel y energía.

Mottainai. Es una frase ancestral japonesa donde mottai acentúa lo valioso y nai cuando se lo niega por mal uso o desprecio. La  sociedad de consumo produce nuevos productos haciendo obsoletos a los antiguos. Así se depredan los recursos naturales. Una PC podría ser útil por muchos años, pero siempre aparece un nuevo software que la envejece.

Las 3 R. El concepto Mottainai se basa en reducir, reutilizar y reciclar.  Después de la segunda guerra mundial Japón era un país destruido y  EEUU creaba nuevos artículos incesantemente. Japón los recicló, redujo el tamaño de los productos made in USA, lo que bajó sus costos. Reutilizó el modelo exportador americano, lo importó, lo copió y luego lo superó. Recicló las  partes  usándolas en  nuevos artefactos  o como repuestos para las reparaciones.

Mottainaizar el cerebro. Un cerebro sustentable puede mejorar el orden social si se lo educa para incorporar la inteligencia ecológica. Se deberían reducir los tediosos programas de estudio, el hábito de memorizar detalles y resaltar los mapas conceptuales y la generación de ideas.

Como el conocimiento científico es interdisciplinario se deben reutilizar conceptos de una ciencia en otras para rebajar el tiempo y el costo de las investigaciones. Así es como la cabina del avión fue utilizada como una base para optimizar el quirófano de la sala de cirugía.

Como la victoria se construye, es posible  reciclar los pequeños éxitos y fracasos para aprender tanto del triunfo como de la derrota. Edison inventó la lámpara eléctrica en su experimento número 1000, porque sacó el máximo provecho de la adversidad como fuente de aprendizaje.

Si el sistema educativo discapacita, debemos cambiarlo. Rejuvenecer el cerebro para que use de modo sustentable los recursos repercutirá en el campo social, para que las organizaciones civiles autosustentables apoyen a las que cumplen funciones vitales sin fines de lucro.

Gimnasia mental y social. El hombre educado con criterio social transfiere a la sociedad,  el concepto de que nada debe tirarse y que debe guardarse para usarlo después. El occidental, en cambio,  es adiestrado para tirar lo que no ve útil, no está de moda u ocupa mucho espacio.
Esta falta de reciclado incrementa la contaminación. Pero sostener la montaña de cosas que no se tiran y que no poseen utilidad inmediata es complicado por la obsolescencia planificada. En Japón optan por vender barato lo que no usan. Para eso se reúnen los domingos en alguna plaza.

Los japoneses se obsesionan por sobrevivir. Su tierra  tiembla; pasan su  vida en islas volcánicas, amenazados por  terremotos, tifones, nevadas y  diluvios. Es una isla  que carece de materias primas y donde sólo un 25% de su suelo es apto para el cultivo, pero se convirtió, sin embargo, en una fábrica flotante que abastece al mundo. Acostumbrados a  la privación y a las calamidades, construyeron chozas con fragmentos de hierro, cartón y madera y trabajaron ingeniosamente con cascotes y pedazos de metal extraído de las ruinas por los  bombardeos.

El desarrollo económico y el crecimiento demográfico llevan al agotamiento del planeta.  Para evitarlo no hay que explotar los recursos a mayor velocidad que a la que se regeneran, sino proteger la biodiversidad y el ciclo natural, no producir elementos por encima de su capacidad de descomposición y evitar el mal uso y la distribución desigual de los recursos entre los países.

Dos modelos de desarrollo. El  interés particular genera un modelo basado en los resultados, en donde todo vale. El modelo ecológico considera los fines sociales, que lo que se produce sea sustentable, que no se aniquilen los recursos naturales en pos de la ganancia de unos pocos.

Los sistemas coexisten y compiten, ampliando la brecha entre lo que se dice y lo que se hace, y perpetúan la crisis. Se habla del problema de moda, pero los que sufren son los más vulnerables.

Somos parte de un sistema que derrocha los recursos. Todo vale: compre y tenga, use, tire y vuelva a comprar. Se trata de un sistema que crea deseantes crónicos  que ni siquiera disfrutan lo que tienen. Para sostener y sustentar el futuro debemos crear un nuevo mundo para escapar de esta realidad incierta y apocalíptica, que sólo nos despierta cuando una pandemia nos sacude y recién ahí volcamos toda nuestra solidaridad que hasta entonces aparecía dormida y ausente.

Un ejemplo. La empresa Refill Lab  facturó $30 millones en su primer año con tecnología, e-commerce y herramientas para ser rentable. Su foco fue reducir los desechos y la huella ambiental, en su actividad de suministros, que garantice el equilibrio económico, el cuidado del medio ambiente y el bienestar, dirigido a los que aceptan ese paradigma. El impacto de ese modelo de negocio, hacen la diferencia, tanto en el ambiente como en el consumidor.
Cuando los compradores devuelven los envases, reciben un voucher  que descuentan de las compras. Tienen puntos físicos para dejarlos, o pueden devolverlos en su próxima compra. Luego se sanean y se reutilizan.
No son envases pequeños, sino bidones de dos litros que sirven para recargar. Por cada bidón que compra un consumidor se ahorran entre 10 y 20 frascos.
La idea es reemplazar envases, que, si no, terminan en un basural, tirados y contaminando. La idea es que más empresas se sumen a mirar el mundo desde otro punto de vista. La empresa también eliminó etiquetas, packaging y elementos que no sumen al producto en sí.

Lo importante es el contenido, no el resto, la sustentabilidad es negocio.

La educación es la industria pesada. Lo que los empresarios registran desde hace tiempo es la imposibilidad de encontrar trabajadores con secundario completo y habilidades básicas. Detrás de esto se esconde la tragedia de un país dual y fracturado, con startups y unicornios exitosos y con chicos en edad que deambulan empujando carros para poder comer. La catástrofe es la resultante de años de agonía, de destrucción de una matriz económica y social a la que se ha buscado mitigar con parchesse instala el debate público, pero es tapado por otras urgencias.
De cada 100 alumnos que comienzan la educación secundaria solo 50 terminan. El presidente de Toyota planteó que no podía encontrar 200 jóvenes con título secundario para cubrir vacantes. Los contenidos aprendidos no alcanzan para las necesidades laborales que exigen las empresas. No pasan las pruebas de comprensión de textos, lógica y operaciones básicas. Además de no tener las habilidades mínimas, no tienen fuerza en las manos, carecen de motricidad fina y no tienen tonicidad muscular. Otro mal de época por el sedentarismo y la ausencia de ejercicio.
Habilidades blandas. Las humanidades y lo técnico funcionan como mundos separados, y es necesario asociarlos. Las máquinas reemplazarán a las tareas mecánicas que hacen los hombres. Se calcula que el 65% de los trabajos son automatizables. Ante eso, los humanos debemos dedicarno a tareas cada vez más humanas. Ellas son creatividad, innovación, inteligencia emocional, trabajo en equipo y en entornos multiculturales. Por eso son cada vez más las startups creadas por personas provenientes del mundo de las humanidades.
Un cerebro sustentable es el que aprende a adaptarse a las situaciones nuevas.