APRENDER A DESAPRENDER

Autor Dr. Horacio Krell fundador de ILVEM

Desaprender es dejar de hacer lo que se hace habitualmente o intentar hacerlo de distinto modo. Hay que hallar, descubrir o inventar un nuevo camino para alcanzar al mismo logro. Para eso hay que salir de la zona del confort que genera limitaciones por la incidencia de las costumbres adquiridas que impiden atreverse a experimentar nuevas maneras de pensar y de actuar. En el video la bicicleta que funciona al revés se ve la diferencia entre el conocimiento teórico y práctico sobre su funcionamiento.

Se aprende a andar en bicicleta para toda la vida. Tanto es así que después de varios años sin pedalear, se puede volver a manejarla sin dificultad alguna. Pero en este experimento se transformaron dos engranajes de una bicicleta para convertirla en otra con su dirección invertida, y en la que al girar el manubrio hacia un lado, la rueda se mueve hacia el otro.
La dificultad que se provoca al intentar manejarla pone en evidencia el enorme poder de la costumbre que impide experimentar, aprender o emprender maneras innovadoras de hacer y de pensar que permitan salir del piloto automático que imponen las creencias y los hábitos.
Un artefacto como la bicicleta necesita coordinar piernas, brazos y mente. Exigir al cerebro que trabaje con una lógica distinta nos hace perder el equilibrio, sentirnos frustrados e inseguros, por no poder replicar lo antes aprendido y plantea la necesidad de romper con el esquema previo y tener que volver a entrenarse por largo tiempo, hasta recuperara el dominio.
Nosotros creamos el hábito que luego nos dirige. En lugar de controlarlo nos controla y nos indica el modo de actuar y de entender la realidad. Eso explica el enorme el poder de las creencias e ideologías que nos marcan desde que nacemos y que se refuerzan en la vida social.
¿Recuerdas el momento en que aprendiste a montar en bicicleta?  El ingeniero Destin Sandlind, conocido por la cuenta de Youtube SmarterEveryDay, se ha propuesto hacer una regresión a ese instante y volver a aprender a andar en bici. Una labor titánica, puesto que para ello tiene que desaprender todo lo que sabe. ¿Cómo lo hizo? Un amigo mecánico le construyó una bicicleta que funciona al revés.  Fue un modo sutil de engañar a la mente y provocó que  Sandlin no consiguiera avanzar ni siquiera un par de metros.  El proceso lo documentó en un video que tuvo más de seis millones de visitas en apenas un mes. Destin tardó ocho largos meses en dominar la bicicleta modificada por su amigo. Y entonces extrajo estas conclusiones: “el algoritmo asociado con montar en bicicleta es algo realmente complicado para el cerebro”.
La razón es la cantidad de fuerzas a coordinar el acto de pedalear. La principal lectura que sacó de la experiencia es que “conocimiento no es entendimiento”. Él conocía cómo montar una bicicleta, pero su cerebro no lo entendía por haber sufrido la bici una modificación. Por eso es mejor aprender a montar en bici de niño, ya que el cerebro tiene más plasticidad neuronal.
Su hijo de siete años probó la bicicleta. ¿Cuál fue el resultado? Tardó dos semanas en dominarla. Una experiencia interesante fe que Destin en Amsterdan no pudo manejar una bicicleta tradicional y su cerebro tardó 20 minutos hasta que pudo recuperar la habilidad.
El miedo al error condiciona el aprendizaje. En lugar de continuar aprendiendo, se prefiere frenar y repasar la misma lección una y otra vez. Cuando el niño llega a los 3 años, sus padres suelen comprarle su bicicleta. Antes de enseñarle se cercioran de que a cada costado de la rueda trasera, tengan una ruedita adicional para darle estabilidad y evitar las caídas. Es un modo de enseñar que se repite de generación en generación y del que nadie duda. Si aprender a andar en bicicleta fuera una industria, utilizar ruedas adicionales sería su más sólida creencia.
Con esta estrategia un niño tarda un año en aprender. Pero la repetición no valida un método de aprendizaje. La principal habilidad que un niño debe desarrollar para andar en bicicleta es el equilibrio y las ruedas adicionales retrasan el aprendizaje y sólo mejoran el pedaleo. Mejor es quitarle los seguros de los pedales y sostener con una mano la parte posterior del asiento.
Esto lo ayudará a mantener el equilibrio. Además, sin los cubre pedales será más fácil para él poner los pies en el piso al perder el equilibrio. Hay que quitar luego la mano del asiento por intervalos muy cortos, sin que el niño lo advierta e ir aumentando esos períodos de tiempo .
Así es posible que el niño aprenda a montar en bicicleta en sólo dos semanas.
La enseñanza que fomenta al repaso o el conformismo no es la correcta. El verdadero aprendizaje es el que nunca repasa y siempre descubre. La carencia de ideas nuevas se debe a que la mayoría cree que debe usar las ruedas adicionales. Son pocos los que se atreven a andar sin rueditas ni cubre pedales. Pero el miedo a las caídas limita la capacidad de crear e innovar.
La base del pensamiento innovador es el aprendizaje por caídas. No es posible innovar sin antes darse un buen golpe. Entonces ¿cuál es la mejor manera de aprender a andar en bicicleta? Aprender a montar en bici con ruedas de entrenamiento no sirve, porque cuando una ruedita  toca el suelo es una experiencia de des-aprendizaje. Para andar en bici, el cerebro tiene que aprender a tambalearse. Así que quita las ruedas de entrenamiento, y cuanto más te tambalees, más rápido aprenderás. Montar en bici, en realidad, es algo que está en la mente.
Las 4 A de la educación. La bicicleta al revés plantea un aspecto pocas veces considerado en el proceso educativo, se trata de la necesidad de desaprender y la importancia de que, además de aprender a conocer, que implica aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir; se incorpore también la habilidad de a aprender a desaprender.
Este proceso implica entrenar una mente abierta a lo nuevo, una actitud de curiosidad y flexibilidad para admitir que la realidad está en movimiento y que debe estar dispuesta a desafiar los modelos aprendidos, que pueden funcionar por un determinado tiempo y en circunstancias específicas, pero que son ineficaces en otro contexto físico o temporal.
Aprender a desaprender. Esto implica desarrollar la capacidad de cuestionarse y corregirse que son características propias de la conciencia crítica. Para poder desaprender es necesario cuestionar lo que se sabe o se cree y estar dispuesto a modificarlos. También se debe poder enfrentar la inseguridad y la incertidumbre generadas al comprobar que las certezas y formas exitosas del ayer, resultan hoy anticuadas, ineficaces o indeseables ante una nueva situación. Esto requiere alta tolerancia a la frustración, poder empezar a partir desde cero con problemas que eran antes muy fáciles de resolver e iniciar un nuevo proceso en el que lo ya sabido no proporciona ayuda sino que, por el contrario, resulta un obstáculo para el nuevo aprendizaje.
Una sociedad que no sabe desaprender. En los últimos años nuestro país ha estado inmerso en una espiral de violencia, corrupción e impunidad y en un clima de temor e indignación constante, creciente y general. La transición democrática tuvo avances como el de institucionalizar el proceso electoral y la alternancia en el poder, pero no solucionó los problemas de fondo porque cualquiera sea el partido que llegue al poder, el sistema y la cultura política, construidas durante décadas, han sido internalizados por la sociedad como una forma de vivir que se considera natural en la que “el que no transa, no avanza”.
Esas fuerzas ocultas tienen mucho más poder que cualquier intento de cambio legislativo, de gestión del gobierno o de impartición de justicia. Parece que habría que poner la bicicleta al revés y obligarnos como sociedad a desaprender las formas de entender la política y su ejercicio, enseñar a los futuros ciudadanos a desaprender lo que asimilaron de manera consciente o inconsciente acerca del significado de la política y de las instituciones, para poder transformar las estructuras y la cultura cívica hacia una política que implique un cambio en su orientación y hacia una ética que encuentre formas eficaces de instrumentación.
Como para muestra basta un botón  hemos vivido el alto impacto en la opinión pública causado por las vacunas vip, que fueron aplicadas a amigos y funcionarios del gobierno. Pero un gran número de situaciones que deberían indignarnos tienden a culpabilizar a las víctimas, a partir de concepciones retrógradas que justifican por ejemplo el consabido “roban pero hacen”.
Este es otro caso para poner la bicicleta al revés y empezar a desaprender esos esquemas culturales, para poder transformar al país que no puede tener así un futuro favorable.
Hay que hacer que los niños y jóvenes aprendan a desaprender los esquemas tradicionales, a desaprender los dictados de esta sociedad centrada en el mercado en el que la vida humana se vuelve una mercancía más, sujeta a la oferta y la demanda y olvidando su auténtico valor y dignidad. Poner la bicicleta al revés para desaprender lo que nos deshumaniza, para reaprender formas de generar y regenerar la vida y combatir la cultura de la muerte y el descarte, para reaprender la convivencia social buscando el bienestar general y no la riqueza de unos pocos.
Es el momento de ver la urgencia de lo importante y no la importancia de lo urgente.
Cambiar la educación. En los genios hay rasgos comunes: curiosidad, apertura mental y el desarrollo de métodos, que son necesarios ante los desafíos de hoy. Precisamos un Renacimiento basado en la ciencia, el buen gobierno, la democracia y la libertad individual.
La pandemia podría haber sido peor sin la ciencia, que afronta un punto de inflexión. Es la tentación, de creerse dioses. La capacidad de editar genes humanos será más importante que la revolución digital. El descubrimiento de la estructura del ARN aporta promesas y peligros. Es una molécula fascinante para el futuro genético que se involucra en la política y en la ética.
La tercera revolución en tiempos modernos. La primera fue la de los átomos, la segunda la de los bits y ahora la de los genes.
Las moléculas serán los nuevos microchips reprogramables para combatir virus y bacterias, para curar enfermedades genéticas y para crear bebés sanos.
¿Cómo podemos evitar que se use para el mal? Una curiosidad natural lleva a la invención de herramientas poderosas, cuando prestamos atención a lo intrigante. Ellas guiarán nuestra evolución. Los humanos somos curiosos, creativos e inventivos pero debemos tener cuidado.
Debemos a apreciar la evidencia científica. El mayor desafío será salvarnos del autoritarismo. Muchos se vuelven contra la ciencia, la democracia y van a favor de líderes autoritarios y creen en teorías de conspiración. Debemos recuperar nuestra fe en los hechos y en las evidencias, y el respeto por los que no piensan como nosotros. Esa fue la base de nuestra democracia.
Leonardo Da Vinci. Pensaba en base a hechos científicos contrastados y estuvo en el comienzo de la revolución científica. Formó sus teorías basadas en observaciones probadas con experimentos. Esto ayudó a la revolución científica y a crear el Renacimiento. Debemos hallar el equilibrio entre la libertad de expresión y la necesidad de ser respetuosos con los demás.
Es una mala idea la de cancelar o marginar a alguien porque no estar de acuerdo; pero las personas deberían expresar sus puntos de vista de una manera que sea respetuosa y que no tenga la intención de enfurecer. Un diálogo civilizado debe respetar la libertad de expresión.
El peligro sería permitir que exista un mercado libre absoluto, con un sistema sin regulación alguna en el que los ricos puedan comprar mejores genes para sus hijos. Eso conduciría no solo a una mayor desigualdad, sino a la codificación genética de la desigualdad. Tendríamos una especie humana conformada por una élite genética y otra subespecie humana desfavorecida.
La gran pregunta es: ¿Cómo utilizaremos la biotecnología para ayudar a la mayor cantidad de personas? ¿Qué elegiremos al  definir hasta dónde llegar con la especie humana?
Un peligro es que la gente rechace la ciencia, tanto cuando se presentan las pandemias, o para la democracia, porque eso depende de que la gente tenga la mente abierta y observe la evidencia. Gran parte de la política se basa en la ideología en lugar de mantener la mente abierta. Eso es preocupante. Podemos aprender de la ciencia. ¿Cómo? Abordando la política con una mente abierta y abriendo nuestras mentes podremos aprender a apreciar lo que hacen los científicos.
Disonancias cognitivas. Los desafíos son estímulos para aprender a conectar mejor los hemisferios cerebrales. Su lógica es distinta y las consignas ambiguas deben ser interpretadas. Se trata de estimular las ideas y desaprender en un mundo signado por la rutina, de aprender a fabricar ideas y a llevarlas a la práctica. El intelectual trabaja con conceptos e ideas, el hombre de acción con personas y cosas. En 2007 los científicos publicaron que: “Los coronavirus, por combinación genética, llevarán a nuevos brotes. El reservorio de virus en murciélagos y la cultura de comer mamíferos exóticos en China es una bomba de tiempo y necesitamos prepararnos”. La desconexión entre científicos y políticos genera pandemias y desastres.